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domingo, 17 de mayo de 2009
Éticas formales: ¡Haz lo correcto, porque es lo correcto!
Kant: El bien como autonomía
Éticas formales: ¡Haz lo correcto, porque es lo correcto!
El filósofo alemán del siglo XVIII, Inmanuel Kant, le dio un giro radical a la ética al proponer un nuevo criterio moral, basado en el deber, no en la búsqueda de la felicidad.
El nuevo criterio moral que propone Kant supone negar una finalidad para la acción humana, puesto que no es la felicidad, ni el placer, ni la utilidad, lo que debe movernos a la acción, sino que debemos ser conscientes de que hay una serie de mandatos que debemos seguir, que nos obligan, que deben ser cumplidos (aunque seguirlos no nos haga felices o nos produzca placer).
A veces, la vida nos pone ante situaciones que son la prueba de que no siempre es el placer, la felicidad o la utilidad el móvil de nuestras acciones, sino hacer lo que nuestra conciencia nos dicta en ese momento como deber.
El caso del profesor Neira es un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. Es una de esas situaciones en las que tenemos mucho que perder y poco que ganar, y, sin embargo, como dijo el profesor, "hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar".
Éticas formales: ¡Haz lo correcto, porque es lo correcto!
El filósofo alemán del siglo XVIII, Inmanuel Kant, le dio un giro radical a la ética al proponer un nuevo criterio moral, basado en el deber, no en la búsqueda de la felicidad.
El nuevo criterio moral que propone Kant supone negar una finalidad para la acción humana, puesto que no es la felicidad, ni el placer, ni la utilidad, lo que debe movernos a la acción, sino que debemos ser conscientes de que hay una serie de mandatos que debemos seguir, que nos obligan, que deben ser cumplidos (aunque seguirlos no nos haga felices o nos produzca placer).
A veces, la vida nos pone ante situaciones que son la prueba de que no siempre es el placer, la felicidad o la utilidad el móvil de nuestras acciones, sino hacer lo que nuestra conciencia nos dicta en ese momento como deber.
El caso del profesor Neira es un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. Es una de esas situaciones en las que tenemos mucho que perder y poco que ganar, y, sin embargo, como dijo el profesor, "hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar".
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